¿Por qué Tenemos Conflictos?

Iniciaré señalando que un conflicto es una diferencia, desacuerdo o discrepancia entre dos o más personas por situaciones específicas donde nuestros valores, necesidades, emociones, intereses o percepciones no se comparten. Para los seres humanos, los conflictos son parte intrínseca de nuestras vidas; en el día a día tenemos que confrontarlos.

Los conflictos pueden iniciar con las discrepancias con nosotros mismos, con aquello que no nos gusta de quienes somos, por actos pasados de los que nos arrepentimos, entre muchas otras situaciones. Aunado a ello, se presentan conflictos en los diversos contextos donde nos desarrollamos: familia, trabajo, amistades, pareja, vecinos y escuela, e incluso con personas desconocidas con quienes interactuamos. De ahí puede surgir un desacuerdo, como un percance automovilístico, un servicio mal recibido, etcétera.

Hay conflictos que solo nos producen una leve incomodidad y que dejamos pasar. ¿Quién de nosotros no ha tenido alguna diferencia con su pareja, amigos o extraños que termina en el olvido? Sin embargo, también existen conflictos que crecen, generando malestar y un conjunto de emociones negativas como la frustración, el miedo, el enojo, la tristeza y la impotencia, que nos llevan a vivir con estrés o ansiedad en nuestro día a día.

¿Es verdad que todos los conflictos de nuestras vidas son tan negativos? Esta es una pregunta fundamental que deberíamos hacernos ante cada conflicto que vivimos. Muchas veces nuestra reacción inmediata es pensar en lo peor, dejando que emociones como el enojo, la frustración o la tristeza nos dominen, incluso llevándonos a realizar actos negativos que nos hacen desconocernos. Además, solemos encasillar lo negativo como algo malo, doloroso y lastimoso, que nos obliga a ver el panorama desde su lado más oscuro.

Y eso está bien. Nos merecemos un espacio para sentirnos mal, para llorar o enojarnos, y nunca debemos sentir culpa por hacerlo. ¿Qué tipo de seres humanos seríamos si no nos diéramos el derecho de sentir? No todo en la vida es maravilloso. Lo importante es que, después del dolor, aprendamos a trabajarlo, a reconstruirnos, restaurarnos y, a partir de lo malo, aprender y descubrir las múltiples opciones positivas que pueden surgir.

Entonces, sí existe una parte positiva del conflicto, de la que muchos autores hablan, aunque ante lo adverso nos cueste focalizarla. Muchas personas permanecen ancladas en su conflicto durante años, sin percibir el daño que este les genera en su vida cotidiana, y no solo a ellas, sino también a quienes las rodean. Es real que, aun en medio de lo malo, existen miles de posibilidades para construir alternativas y nuevos proyectos. Debemos pensar en prospectiva: si falla el Plan A, puede existir un Plan B, C o D. No importa cuántos planes haya, lo importante es no claudicar.

Sé que no es fácil; por el contrario, representa siempre un reto. Pero depende únicamente de uno mismo volver a creer, empezar y crecer. Es darnos la oportunidad de restaurarnos y deconstruirnos como seres humanos, comenzar de nuevo, aun sabiendo que será un proceso doloroso y complejo. Todo esto requiere aceptar que existe un conflicto, estar dispuestos a disolverlo, hablarlo con honestidad, sin justificaciones, y sobre todo, aceptar la ayuda de otros. Reconoce que siempre contamos con una red de apoyo y que no estamos solos. Saber dejarnos ayudar y buscar la asesoría adecuada es fundamental. Los amigos son valiosos, pero no son expertos; escuchan y aconsejan, pero hay conflictos que requieren algo más que buena intención.

Nunca olvides que nuestra vida está llena de situaciones positivas y negativas. Algunas no las entendemos y ni siquiera creemos merecerlas, pero ahí están, frente a nosotros, esperando ser resueltas. En este espacio hablaremos de diversos tipos de conflictos, de cómo personas profesionales pueden apoyar en su resolución, qué metodologías utilizan y qué factores intervienen. También compartiré herramientas esenciales que todos necesitamos cuando enfrentamos conflictos. El conflicto es importante, pero lo es aún más la forma en que lo confrontas. Por ello, nunca dejes de preguntarte: ¿por qué tenemos conflictos? Esa pregunta es el primer paso para descubrir cómo resolverlos: aceptar que existen.

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